El reto de los partidos políticos tradicionales de 2026

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Hay algo casi ritual en el cambio de año. Las personas revisan lo que hicieron, lo que no hicieron y lo que prometen corregir. La política no es ajena a ese ejercicio, aunque suele practicarlo peor. En la República Dominicana, además, la entrada a un nuevo año no es solo un balance personal, sino el inicio silencioso de un tiempo postelectoral que rara vez se asume con la seriedad necesaria. Las campañas exitosas no comienzan cuando se encienden los mítines, sino mucho antes, cuando todavía nadie está mirando.

En política, dieciocho meses no son un lujo, son el mínimo. Todo lo que quede fuera de ese margen se parece más a la improvisación que a la estrategia. Y el problema es que los partidos tradicionales llegan al 2026 con una debilidad común: su imagen está desgastada. Incluso la del partido en el gobierno, que debería partir con ventaja, se encuentra sorprendentemente baja. Gobernar ya no garantiza prestigio. A veces, incluso lo erosiona.

Un liderazgo sin un partido coherente, dividido internamente y con una marca deteriorada, tiene pocas posibilidades de conservar el poder o de conquistarlo. La política contemporánea castiga la desorganización con una rapidez que antes no existía. La fidelidad automática del electorado ya no es un activo confiable.

En ese contexto, el mayor desafío lo enfrenta el Partido Revolucionario Moderno. Conservar el poder exige algo más que administrarlo. Requiere decisiones incómodas. Un cambio profundo de gabinete no como gesto cosmético, sino como mensaje político. Revisar designaciones, evaluar aportes reales y reactivar la esperanza interna. También implica una profilaxis partidaria: renovar rostros, separar la estructura del partido del aparato del Estado y construir una dirección sin ambiciones personales inmediatas. Un partido no puede organizarse si quienes lo dirigen están más pendientes de su propio futuro que del proyecto colectivo.

La renovación no puede ser parcial ni sentimental. O se hace completa o no se hace. Abrir el partido a lo mejor de la sociedad, sin excusas ni cálculos menores, es una condición para competir. No hacerlo es una forma lenta de renunciar al poder.

La Fuerza del Pueblo, por su parte, ya inició un proceso de reestructuración, pero lo hizo cargando viejos vicios. La desconexión con la juventud no se resuelve con discursos ni con recuerdos. Se resuelve con lenguaje, símbolos y liderazgos que entiendan el presente. Cuando un partido parece mirar más al pasado que al futuro, su margen de crecimiento se reduce. Y eso se refleja con claridad en el rechazo juvenil que muestran las encuestas.

El Partido de la Liberación Dominicana enfrenta un reto distinto. Su papel en este ciclo no es necesariamente ganar, sino volver a ser creíble. Validarse de nuevo ante una sociedad que ya no concede segundas oportunidades con facilidad. En ese escenario, más que épica, necesita coherencia.

Hoy, ningún partido tradicional parece en condiciones de ganar en primera vuelta. Y aunque puedan surgir fuerzas emergentes, la sociedad dominicana aún no muestra una conciencia sólida para apostar mayoritariamente por proyectos totalmente independientes. Eso no impide que esos proyectos resten votos y alteren equilibrios.

El consejo final es sencillo y, paradójicamente, poco escuchado: profesionalicen la política. No con improvisados ni con viejas glorias, sino con formación real en ciencia política y marketing electoral. La experiencia sin conocimiento suele ser torpe. Las lealtades no ganan elecciones. Las campañas bien pensadas, sí.

Demuéstreme que estoy equivocado…

Feliz 2026…

Jenchy Suero

Jenchy Suero
Jesús Antonio Suero Castillo (Jenchy Suero), nació en San Juan de la Maguana, catedrático universitario, comunicador y abogado. Ha dirigido diversas entidades profesionales y organizativas de la sociedad, etc. Jenchy Suero, conduce y produce el programa televisivo: “Primera Hora” y conduce “Panorama Social, ambos cada día de lunes a viernes en la televisión de Santo Domingo República Dominicana.

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