Por Sergio Sarita Valdez.- Desde finales del siglo XX hasta la actualidad, el tema de las defunciones de mujeres, relacionadas con el embarazo, ha trascendido los colores políticos de los distintos gobiernos que hemos tenido desde la década de los noventa hasta el presente. Son miles las parturientas que han perdido la vida durante la gestación, el trabajo de parto y los cuarenta días posteriores al alumbramiento.
La Organización Mundial de la Salud clasifica los decesos maternos en dos grandes vertientes: los que obedecen a causas directamente relacionadas con problemas propios de la gestación y aquellos indirectamente asociados al embarazo. Una gestante que muere víctima de un accidente vehicular, un envenenamiento, una tuberculosis o un cáncer se cataloga como muerte materna indirecta. Si la embarazada desarrolla una infección, una crisis hipertensiva o una hemorragia uterina, entonces se considera una muerte materna directa. Como puede advertirse, el fallecimiento de una gestante debido a un sangrado vaginal, un fenómeno hipertensivo del embarazo o una infección uterina puede prevenirse con atenciones tempranas, oportunas y eficaces que eviten el deterioro de la salud y un desenlace fatal.
A continuación, relato un caso real: el de una dama bachiller, empleada sanitaria, que en su cuarta década de vida era ya madre de dos hijos y se encontraba embarazada de siete meses. Desde la niñez había sido diagnosticada como asmática y, posteriormente, con una cardiopatía dilatada. Debido a su dolencia cardíaca, fue hospitalizada durante un mes y, al final del internamiento, inició un trabajo de parto prematuro que culminó en óbito fetal. Fue dada de alta a su hogar para seguimiento cardiológico posterior. A los pocos días del egreso hospitalario, desarrolló dolor de cabeza y malestar general, por lo que fue conducida de emergencia al centro de salud, donde fue admitida, falleciendo al segundo día.
Los resultados de la autopsia evidenciaron daño cardíaco asociado a una fiebre reumática antigua. Sin embargo, la causa directa de la defunción resultó ser un alumbramiento incompleto con retención de fragmentos de la placenta y el desarrollo posterior de una infección puerperal, lo que provocó una septicemia seguida de un estado de shock irreversible.
Este caso es un ejemplo clásico de una muerte materna directa asociada a una infección relacionada con la retención de una porción de la placenta. Un examen cuidadoso de la placenta en el momento del alumbramiento podría haber evidenciado que dicho órgano no había sido expulsado completamente, permitiendo proceder de inmediato a la remoción de ese tejido, evitando así la cadena fatal de eventos.
Desde 1982 hemos venido advirtiendo, a través de la discusión de estos casos en las maternidades y hospitales nacionales, acerca de la evitabilidad de estas muertes; sin embargo, cuatro décadas después seguimos tropezando con la misma piedra.
Ya lo advirtió Einstein: “Si seguimos repitiendo la misma operación, seguiremos obteniendo los mismos resultados”.
Es un asunto del sistema de gestión sanitaria, mi gente. Hay que cambiar el modelo sanitario dominicano por otro que responda a la nueva dinámica de salud en la era de la inteligencia artificial en medicina.
Jenchy Suero
Jesús Antonio Suero Castillo (Jenchy Suero), nació en San Juan de la Maguana, catedrático universitario, comunicador y abogado. Ha dirigido diversas entidades profesionales y organizativas de la sociedad, etc. Jenchy Suero, conduce y produce el programa televisivo: “Primera Hora” y conduce “Panorama Social, ambos cada día de lunes a viernes en la televisión de Santo Domingo República Dominicana.



