Por Nélson Marte. – En las críticas formuladas por comentaristas políticos y comunicadores que pueden calificarse como independientes o cercanos, ha sido casi unánime el cuestionamiento a la decisión del expresidente Leonel Fernández de pronunciar un discurso en torno a la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela por parte del gobierno de los Estados Unidos.
Una vez asentada esa opinión dominante sobre la inconveniencia de dicha intervención pública, no es ocioso ponderar —sin complacencia ni adversidad— las razones de fondo que pudieron llevar al candidato de la Fuerza del Pueblo para las elecciones de 2028 a internarse en un terreno tan claramente cenagoso.
Partamos de un dato insoslayable: hoy por hoy quien aspire con reales posibilidades a la presidencia de la República en Latinoamérica necesita, al menos, no contar con la posible animadversión del gobierno de los Estados Unidos, bajo la administración del presidente Donald Trump. Esa es la lógica de la realpolitik, nos guste o no, y ya se ha verificado en varios países de la región.
La pregunta entonces es inevitable: ¿qué pudo empujar a Leonel Fernández a hacer ese pronunciamiento, incluso cuando —abiertamente— comunicadores percibidos como potenciales aliados le advirtieron previamente sobre el alto costo político de “morder» ese anzuelo?
Le advirtieron que el análisis de su discurso podía llevarlo a colocarse en la acera de frente de las políticas de Trump, como ocurrió: No cuestionó él mismo la decisión del presidente norteamericano en Venezuela, pero en abono a su análisis citó los cuestionamientos velados o abiertos hechos por algunos países y organismos internacionales, lo que fácilmente puede interpretarse como que puso en boca de otros lo que no quiso o no se atrevió a decir.
A continuación, se esbozan al menos cuatro posibles razones que pudo tener Leonel para terciarse la camisa de 11 varas que fue su discurso del día siguiente al de Reyes.
Primero. Leonel podría estar convencido de que el eventual desmontaje del chavismo-madurismo en Venezuela le cerraría definitivamente una fuente de apoyo económico indispensable para competir con reales posibilidades de triunfo.
Ese escenario, sumado al significativo rechazo ciudadano a sus aspiraciones de retornar al poder, bien pudo conducirlo a la conclusión de que resultaría más rentable construir una justificación política para un eventual retiro, apostando entonces a la carta de su hijo, Omar Fernández.
Ello, aun siendo consciente de que su pupilo no posee todavía la experiencia suficiente ni ha demostrado el temple requerido para administrar, con eficacia y carácter, los inevitables conflictos del ejercicio del poder.
Incluso en una eventual derrota, la jugada le permitiría posicionar a Omar como figura presidencial futura y, de paso, garantizar el control caudillista del partido fundado por su padre.
Segundo. Su persistente afán de polarizar con el gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM, en un contexto en que la oposición deberá competir frente a candidaturas oficialistas que parten con ventaja en los niveles municipal, legislativo y presidencial.
Esa estrategia de confrontación —que ha caracterizado a Leonel Fernández durante todo el segundo mandato de Abinader— se intensifica en la medida en que la Fuerza del Pueblo no logra despegar con claridad del PLD de Danilo Medina y, posiblemente, de la figura aún latente de Gonzalo Castillo.
Tercero. Una arraigada costumbre, heredada de Juan Bosch, de actuar en la arena política como si se tratara de un analista externo, ajeno a las consecuencias prácticas de sus propias conceptualizaciones, y no como un actor directamente comprometido con el tema que aborda.
Ni Bosch ni Leonel lograron resistir la tentación de presentarse como intelectualmente superiores a sus contemporáneos. No es casual que Leonel llegara a afirmar, en una ocasión, que sus adversarios carecían de capacidad para conceptualizar en política, razón por la cual se negaba a participar en debates.
Cuarto. Una subestimación de los profundos cambios ocurridos en la última década por los sistemas de comunicación, información y formación de opinión pública que han impactado tan revolucionariamente en la mentalidad de los ciudadanos.
Todo indica que Leonel ha caído en un serio error de cálculo al creerse que aún funcionan los viejos discursos de encantadores de serpientes, propios de otra época, y que todos continuarán aceptando, sin mayor cuestionamientos ni consecuencias, sus elaboradas conceptualizaciones en los tiempos de la “aldea global” que previó McLuhan, tan lejos como en la década de los sesentas.
Nota:
La Enciclopedia Rodrigo Borja define la realpolitik como un término acuñado por el escritor alemán Ludwig von Rochau en 1853, al criticar la falta de “realismo” en la política practicada por los liberales germanos durante el proceso revolucionario de 1848-1849.
Puede traducirse como “política realista”: una política que mantiene contacto con la realidad, que no se nutre de fantasías y que observa al mundo social tal como es, y no como quisiéramos que fuera.
Jenchy Suero
Jesús Antonio Suero Castillo (Jenchy Suero), nació en San Juan de la Maguana, catedrático universitario, comunicador y abogado. Ha dirigido diversas entidades profesionales y organizativas de la sociedad, etc. Jenchy Suero, conduce y produce el programa televisivo: “Primera Hora” y conduce “Panorama Social, ambos cada día de lunes a viernes en la televisión de Santo Domingo República Dominicana.



